Con la llegada de estos fríos repentinos esta semana he tenido que abrigarme un poco, como es lógico, y buscando en mi armario me he dado cuenta de que la ropa que poseo ya la tengo más vista que el tebeo, vamos, que estoy hasta las narices de llevar siempre lo mismo. Y me digo a mi misma “pues no voy a llevar lo mismo que el año pasado… me tendré que comprar algunas cosillas. Este sábado me voy de tiendas”.Error, gran error. Debo ser (siguiendo los tópicos) la única mujer del planeta que odia ir de tiendas. Nunca encuentro lo que busco: o lo que me gusta no está en mi talla 34-36 (sí señores, soy yo la que la usa), o no me gusta lo que veo, o es que la moda de hoy en día es simplemente una mierda. Porque vamos a ver, ¿quién demonios pensó que era buena idea hacer un abrigo de manga corta?
Totalmente verídico, lo vi en Pimkie, y aluciné.
También aluciné con una especie de chaquetita que te llega a la altura del sobaco y con capucha (¿¡), que la capucha era más larga que la propia chaqueta, y también otra cosa que simplemente no sé ni cómo se tenía que poner.
Yo no soy de las que se compran ropa cada dos por tres, me suele durar bastante y solo compro cuando de verdad la necesito. Es por eso que no estoy muy habituada a estos menesteres. Hay auténticas profesionales de las compras, solo hay que ir a una tienda de moda cualquiera y observar con que soltura rebuscan algunas entre los montones de las ofertas (dónde yo nunca encuentro nada, por cierto).
El caso es que fui a un centro comercial nuevo orientado hacia la juventud y la ropa moderna y chachi guay. Están todas las tiendas. Digamos que el centro comercial es como un donuts: es un círculo y en medio no está cubierto.
Bueno, a lo que iba. Empecé por la primera tienda según subes las escaleras y fui haciendo el recorrido hasta completar el círculo: que si Berska, Zara, Pimkie, Stradivarius… lo que os digo, todas, y me deprimí horriblemente.
Eso que dicen de que para la depresión lo mejor es ir de tiendas a mí me funciona: si quiero deprimirme voy de tiendas.
Y encima si vas con tu madre la cosa ya es el apoteosis. Vamos, la típica escena: Miro algunas prendas y saco una de la percha para verla mejor. A continuación miro a mi madre y según su cara ya sé qué opina. Pero aún así le pregunto:
- ¿Qué tal?
- ¿Y eso te gusta? Pues que quieres que te diga… allá tú.
Arrrrg!!!!
Al final me compré un pantalón y un sueter de cuello alto, pero muy a duras penas y tampoco es que me entusiasmen, pero los necesitaba y es lo que hay.
Mi idea era también comprarme una chaqueta o abrigo, pero lo dejaré para otro día. Me tomaré un par de tilas el próximo fin de semana y volveré a adentrarme en ese mundo inhóspito para mí llamado Centro comercial y de ocio. Eso sí, iré a otro y, si puede ser, sin mi madre.








Por lo menos es un lugar diferente a lo que he visto hasta ahora. Más original, desde luego. Los ambientes que crean me gustan mucho. Te transporta a otro tiempo.Prometo traer fotos. No es lo mismo ver un sitio mediante un folleto. Es mejor visitarlo tu misma y hacer las fotos a través de tu mirada, para que el resto de personas sepan cómo lo viste tu.








Personalmente, no lo sé. El titular no es ni más ni menos que una de las interrogaciones que se hacían ayer en el programa que emite Telecinco en sus madrugadas del viernes TNT, y que presenta, con mayor o menor acierto, Jordi González.
