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29 marzo 2012

70 años sin Miguel


Ayer se cumplieron 70 años de la muerte del gran poeta de Orihuela, Miguel Hernández. Con solo 31 años se nos fue el poeta del pueblo, defensor acérrimo de la república. Una mezcla de tigus, tuberculosis y otras miserias acabaron con su vida en una celda de la cárcel de Alicante. Su delito, luchar contra el fascismo.
Aquí le dejo como homenaje uno de sus poemas, también uno de mis favoritos por la desolación y coraje que transmite. Él lo dedicó a la muerte de su gran amigo Ramón Sijé. Esta tarde se lo dedico a él.
ELEGÍA
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

10 marzo 2012

"Criadas y señoras" la novela y la película

Durante este último mes he tenido la oportunidad de leer un libro que se ha llevado a la gran pantalla y, además, con bastante éxito, Oscar incluído.

Que las películas basadas en novelas muchas veces pierden calidad es cierto. Hay veces que la película consigue mejorar un libro flojo.
En este caso me temo que la novela supera con creces al film.

CRIADAS Y SEÑORAS, LA NOVELA
Pocas veces una novela ha conseguido engancharme de manera tan voraz como esta. A lo largo de sus 600 páginas he sentido multitud de sentimientos y emociones. Alegría, risa, misterio, miedo, conmoción... Los adjetivos se quedan cortos.

La autora consigue plasmar la realidad de como era la vida en el Misisipi de los 60 de las criadas negras y sus señoras blancas. Es increíble como ha cambiado la vida, para bien, desde hace no tanto tiempo.

Encontramos el punto de vista de tres mujeres: dos criadas y una joven blanca educada casi por completo por su sirvienta de color. Todo en primera persona y distinguiendo muy bien hasta en el lenguaje a cada personaje y su nivel cultural.

Muchas veces vemos diálogos de personas analfabetas o de barrios muy pobres hablando en un perfecto castellano. Esto hace poco creíbles a los personajes y es un detalle muy a tener en cuenta por parte de la autora.
Los miedos, las inquietudes, las ilusiones y el punto de vista irónico de las criadas contrasta con la vida relajada, insustancial y frívola de las señoras.

Algo tan sencillo como escribir varias historias de criadas en aquella época y Estado era tan peligroso como cometer un crimen. Se podía castigar con las represalias del Ku Klux Klan y/o con la cárcel.
Aún así la valentía de tres mujeres hacen realidad el sueño de "poder cambiar las cosas".

Bebes de la historia hasta la última página y te quedas con sed. Esperas que continúe, quieres saber qué les pasará después. Cómo será sus vidas tras el cambio. Pero nos quedamos con la miel en los labios, imaginando qué será de Skeeter, Aibeleen y Minny.

Resumiendo: si os gustan las novelas conmovedoras, capaces de mover algo en nuestro interior y conseguir tenerla en mente durante días, ésta es vuestra novela. No tardéis en comprarla. Por cierto, es el primer libro que leo... en el Ipad. Y me ha gustado la experiencia. Aunque sigo prefiriendo los libros en papel, aunque sea menos ecológico. Es más transportable, no se le agotan las pilas, tienes el volumen en tu estantería para siempre y además puedes prestarlo. Encima el precio no resulta más bajo por ser digital, aunque en teoría, se ahorran muchos costes.

CRIADAS Y SEÑORAS, LA PELÍCULA

Siempre sucede lo mismo cuando vas a ver una película después de haber leído el libro: te defrauda.
Esas personas que ves en la pantalla no son tus personajes. Ellas no hablan así, no tienen esa cara, esos gestos...

Además es imposible condensar todo lo que sucede en una novela en dos horas de film. Los recortes, tan de moda, son tremendos. ¡Se quedan tantas historias por contar! Historias muy buenas, por cierto.

Sin embargo, si no has leído el libro, encuentras una película entrañable, cruda en muchas ocasiones y divertida en otras. Una historia que no deja indiferente e invita a reflexionar sobre el tema de la segregación racial y lo absurda que parece vista desde nuestro tiempo.

Las actrices están impresionantes, no obstante tuvo cuatro nominaciones a los Oscar y Octavia Spencer logró llevarse el de mejor actriz secundaria.
Es una historia bien contada. Se nota que la autora de la novela, Kathryn Stokett y el director Tte Taylor son buenos amigos desde la infancia y trabajan codo con codo para llevar lo mejor de la historia al cine.

Muy recomendable. Ojalá hubiera tenido mayor difusión. A estas alturas se exhibe en muy pocos cines. Claro que también se estrenó de forma muy discreta. Una pena. A veces vamos al cine atraídos por grandes promociones y efectos especiales, desperdiciando la ocasión de asistir a la proyección de una buena historia humana.

28 febrero 2012

Lo que quiero ahora

Os dejo una maravillosa columna escrita por ÁNGELES CASO en La Vanguardia el 19 de enero de 2012.
Supongo que muchos de nosotros nos sentiremos identificados. Particularmente, me da la sensación de que ha sabido leer en mi alma y lo que ha escrito podría haber salido perfectamente de estas teclas que ahora mismo estoy pulsando.

"Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo."

Y como todo lo bueno tiene una banda sonora, he pensado en All I Really Want de Alannis Morissette. Otra gran declaración de intenciones a ritmo de guitarra eléctrica.


13 septiembre 2008

¿Dónde está mi noche estrellada?

Noche de calor y de insomnio en un piso de Valencia. Me asomo al balcón intentando refrescarme. Veo pasar gente que va de fiesta, coches que a estas horas no respetan el semáforo en rojo... y entonces se me ocurre mirar al cielo y no encuentro nada. Me pregunto dónde está mi noche estrellada. ¿A dónde han ido todas esas lucecitas brillantes que solían estar suspendidas allá arriba?
En mi ciudad ya no hay estrellas. Se las comió la polución o quizás huyeron asustadas por las luces de las farolas, que les quieres hacer la competencia, por el ruido ensordecedor del tráfico, que no se detiene ni a las dos de de la madrugada o sencillamente se fueron apagando poco a poco, tristes, porque aquí ya nadie las miraba.
En el ajetreado mundo de la urbe, los ciudadanos ya no tienen tiempo de pararse un momento a mirar el cielo y contemplar su belleza. Es algo que ya dan por hecho, es algo que está ahí desde siempre, nada nuevo ni interesante.
Esta noche quería sentarme en el balcón a contemplar las estrellas, a contarlas, a desear imposibles a las que pasan corriendo en un segundo, a volver a sentirme diminuta e insignificante ante tanta inmensidad, a volver a pensar que mis problemas son absurdos en un universo infinito... pero no estaban.
Solo he encontrado una luna solitaria que todavía se esfuerza en brillar muy fuerte, para que no se olviden de ella, no vaya a ser que desaparezca también un día de estos.

23 abril 2008

Hoy es su día

Ven, acércate. Tengo una historia que contarte. Haré volar tu imaginación proyectando imágenes en tu mente.
Sujétame entre tus manos y vé pasando las hojas. ¿No es una sensación estupenda?
Soy tu amigo silencioso. El que espera pacientemente en tu estantería a que te animes a vivir mis historias, aquél que siempre está contigo en cualquier lugar, en los buenos y los malos momentos y nunca pide nada a cambio.
Hoy es mi día. Qué mejor manera de celebrarlo que pasear entre mis páginas...
FELIZ DÍA DEL LIBRO
Fotografía: Francisco Ponce

16 octubre 2006

Los "Nadies" (algo para reflexionar)

De Eduardo Galeano.
Texto publicado en El libro de los abrazos (1989), que según mi amiga Ana, es "una obra imprescindible, obra actual en todas las épocas, libro que no puede faltar en nuestra estantería, si no, estaríamos cometiendo un literatucidio..."

LOS NADIES

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros
la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Gracias a mi amiga Ana por enviarme este texto por email. Estos mails sí merecen la pena.

25 julio 2005

Sección literaria

HOY HE ESCRITO UN POEMA QUE NO HE QUERIDO ESCRIBIR
Dicen que un mal día lo tiene cualquiera. Quizás eso es lo que me pasa. Hoy me he levantado con una nube gris encima de mi cabeza. Me sigue allá donde voy y no me deja ver el sol.Las lágrimas tienen iniciativa propia y salen, brotan sin parar de mis ojos aunque no quiera. Te encuentras frente al espejo con una persona extraña a la que no quieres ver. No te gusta, no la soportas... la odias, a ella y a todo lo que representa.Te sientas a pensar en que no quieres estar aquí, y desearías creer en algo, alguna cosa que te diera la fuerza que necesitas.Todo pasa a cámara rápida dentro de tu cabeza, mientras que en el exterior todo se mueve despacio, muy despacio... y solo quieres gritar, gritar muy fuerte, todo lo fuerte que permitan tus pulmones y tu garganta. Pero te callas.Y solo buscas a alguien. Alguien que se acurruque a tu lado y te diga al oído que no pasa nada, mientras acaricia tu pelo.Pero no sabes donde encontrale.Y solo quieres borrarte del mundo y que nadie te recuerde.Tal vez mañana todo será diferente.

18 abril 2005

Sección literaria

OTRO RELATO CORTO PARA EL DÍA DEL LIBRO
Este relato de Fred Brown lo he encontrado en una bitácora llamada Diario de a bordo y me ha parecido tan bueno que no he tardado en incluirlo en esta página. Espero que os guste.
APRENDED GEOMETRÍA
Henry miró el reloj, a las dos de la mañana cerró el libro desesperado.
Seguramente lo suspenderían al día siguiente. Cuanto más estudiaba geometría, menos la comprendía. Había fracasado ya dos veces. Con seguridad lo echarían de la Universidad. Sólo un milagro podía salvarlo. Se enderezó.
¿Un milagro? ¿Por qué no? Siempre se había interesado por la magia. Tenía libros. Había encontrado instrucciones muy sencillas para llamar a los demonios y someterlos a su voluntad. Nunca había probado. Y aquel era el momento o nunca. Tomó de la estantería su mejor obra de magia negra. Era sencillo. Algunas fórmulas. Ponerse a cubierto en un pentágono. Llega el demonio, no puede hacernos nada y se obtiene lo que se desea. ­¡El triunfo es vuestro!
Despejó el piso retirando los muebles contra las paredes. Luego dibujó en el suelo, con tiza, el pentágono protector. Por fin pronunció los encantamientos.
El demonio era verdaderamente horrible, pero Henry se armó de coraje.
- Siempre he sido un inútil en geometría - comenzó…
¡A quién se lo dices! - replicó el demonio, riendo burlonamente.
Y cruzó, para devorarse a Henry, las líneas del hexágono que aquel idiota había dibujado en vez del pentágono…

02 abril 2005

Sección literaria

DÍA DEL LIBRO: OTRO RELATO PARA CELEBRARLO
Cita del día:
"El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee" (Umberto Eco).
Este breve cuento me lo leyó una amiga y me encantó. Se lo dedico a ella y a todos los que lo estáis leyendo.
EL ECLIPSE
Augusto Monterroso
Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topogáfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, en el convento de Los Abrojos, donde Carlos V condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible, que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis-les dijo-, puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de Fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre una piedra de los sacrificios (brillante bajo la luz opaca de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

01 abril 2005

Sección literaria

DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO: 23 DE ABRIL
"El libro es fuerza, es valor, es poder, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor". (Rubén Darío)
Con motivo de la celebración del Día del libro, aquí va un relato para animaros a la lectura. Durante este mes hasta el día 23 iré poniendo algún relato corto o poesías para conmemorar este día. Y si en vuestra ciudad ponen alguna Feria del Libro como es el caso de Valencia, en los Jardines de Viveros no dudéis en visitarla que seguro que saldréis con alguno en el bolsillo. Personalmente, me encanta visitar las ferias del libro y recorrer los puestos mirando lo que ofrecen porque siempre descubres alguna pequeña joyita o ese libro que siempre has querido y no encontrabas, o alguno que quieres regalarle a un amigo o novio/a...
Os dejo con el relato.
EL RETRATO OVAL
Edgar Allan Poe
Estados Unidos: 1809-1849
El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los Apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacía inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada, en que se criticaban y analizaban. Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro.
Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera. Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? No me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente. No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida. El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo, todo en este estilo que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror y respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente:
"Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y se desposó con él. Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, toda luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. Ella, no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. Y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado. Pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritó con voz terrible: "¡En verdad, esta es la vida misma!" Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada: ¡Estaba muerta!"

15 marzo 2005

Sección literaria

EL SILENCIO DE LAS SIRENAS
Relato de Franz Kafka Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:
Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.
Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.
Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.
Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.
Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó. La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

01 marzo 2005

Sección literaria

POEMA DE ANTONIO MACHADO

Este es uno de mis poemas favoritos. Una de las pocas cosas útiles que saqué del instituto y de la clase de literatura del Iborra.Define a la perfección sentimientos que tenemos todos muchas veces.

Es una tarde cenicienta y mustia,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
—Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.
*
Y no es verdad, dolor, yo te conozco,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que en la noche de una fiesta
se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena,
así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

26 febrero 2005

Sección literaria

Relato de Sara Soler.

El vampiro arrepentido

…Mire usté, que ya es hora de cerrar el bar. Hombre, que son las seis de la mañana y aunque el pueblo esté en fiestas yo tengo que dormir, ¿sabe?, que si no mañana vendrán los muchachos a por unos tercios y yo no estaré pa ná. Y este bar es el único sustento de la familia porque ni mi mujer ni mis hijas trabajan, las tías perras, tol día sentás haciendo punto de cruz. ¡Ya ve eso pa qué sirve! ¿Pa qué quieren tantas sabanitas con florecillas y cojines pa l’ajuar? Que ahí las tiene, que se van a quedar pa vestir santos…
¿Quién me ha mandado beber un café esta noche? Pero toda la culpa es mía, porque no debería haber comido tanto… Siempre me pasa lo mismo, ya digo yo que tanta hambre es mala para la salud porque luego tengo un sueño terrible. Y lo de hoy ha sido ya demasiado, ¡qué ganas tengo de tumbarme! Pero es que eso me pasa por hacer lo mismo que los demás… Beberme un café, yo, ¡qué ocurrencias! Y ahora aquí, en un bar, aguantando a este pesado. Está amaneciendo ya y sigo sin tener sueño, ¡y tengo que descansar!…
Aunque creo que ni eso, que no las aguanta ni Dios. Aún me pregunto por qué soporto yo a la madama, si es una tiquis-miquis, que cuando yo estoy como una olla exprés ¡es tocarla y enfriarme! Lo único que me ha dao han sio tres chiquillas rancias que no salen de casa más que pa ir a misa tos los días. Ya ve usté, qué vida más perra…
“Vida perra” Vida perra. Ésa es la mía. Con lo feliz que he sido, bueno y malvado a partes iguales cuando salía de joven a buscar por las noches. Creo que me he hecho viejo, ahora ni me atrevo a seducir a esas muchachitas que salen a escondidas de sus casas al atardecer… Ya me lo dijo un día mi maestro, que con el tiempo iría haciéndome blando y sentimental. Pero es que los veo tan sanos y felices que prefiero no acercarme a ellos.…
Con lo feliz que yo era en la época de la mili, con los amigachos y el garrafón, tiraos por el campo con las ovejas, contando chistes verdes y silbando a las mozas que pasaban por el camino. “¡Guapa!”, decíamos a toas, no fuéramos a quedar mal con ninguna, ¿eh? Pero tampoco gritábamos mucho, pa que no vinieran los padrinos a pedirnos los cuartos pa la boda. Porque, mire, aquí donde me ve, yo no quería casarme, que con ir cada quince días a una casa de señoritas y desahogarme yo solito me conformaba....
¿Casa de señoritas? Pero ¿de qué me está hablando? Menos mal que quería que me fuera porque tenía que cerrar… El problema es que ya está amaneciendo y a ver cómo salgo yo de aquí. Aunque, a lo mejor, con un poco de suerte consigo dormirme gracias a este personaje.…
Porque yo siempre he sio mu robusto, aunque ya ve en qué poquita cosa me he quedao. Si una de esas mozuelas de ahora me hubiera pillao en mi apogeo, la pobre se habría quedao en los huesos, to se le habría ido gritando de gusto. No exagero, ¿eh? ¡Pregunte! ¡Pregunte por el pueblo! Pero no a mi mujer, que de tan santurrona ni abría las piernas. Aún no sé ni cómo ha tenío tres hijas. Deben de ser del Ejpíritu Santo, por eso van pa monjas. Usté tiene cara de tener hijos, ¿a que sí?...
¿Hijos? Yo no sé qué es eso, a mí nunca me han querido. Sólo me interesaban las jóvenes porque su carne y su sangre eran frescas. De todas formas, ni loco habría tenido niños, más que nada para que no heredaran mi maldad. No sería justo por mi parte condenar a un inocente con esa tortura. Estoy cansado de esta vida que he elegido, estoy harto de tener que beber café para no dormirme por las noches aunque luego tampoco pueda pegar ojo durante el día. Quiero descansar ya de una maldita vez. ¡Que alguien calle a esta cotorra!…
Espero que le hayan salío mejores que las mías… Está mu pálido. ¿Quiere otro café? A ver si se espabila, que está más blanco que las paredes del bar, aunque no me extraña porque hace casi diez años que no pinto y aquí la gente no viene más que pa fumar. Son unos guarros. Algunos, no todos, que el rector es una persona mu limpia, un melindroso diría yo, que viene con sus manitas de no haber trabajao en su vida, con las uñas limpias y cortaditas toas iguales. Si yo ya digo que es un finolis, que si tuviera un chavalillo ése no iba ni a catequesis ni a misa, no fuera que le pusiese esas manitas encima, o por detrás, que sería peor…
Mis tripas rugen, parece que tengo hambre, aunque tal vez no sea más que el café que me he tomado, que siempre lo revuelve todo. Necesito comer algo otra vez, pero no puedo salir del bar porque es casi de día y el sol no es bueno para mí. A mi alrededor no hay ningún lugar donde poder echarme y descansar algo. Este viejo me está martirizando, habla solo. Seguro que cualquiera de mis antiguos amigos no lo habría aguantado. Yo sé lo que habrían echo con él……
Por cómo me mira creo que no tiene hijos, mejor. ¿Y mujer?...
- No.…
¿Tampoco? Usté es un hombre listo, sí señor. Aunque, mire, por experiencia le digo que se puede no tener esposa, pero lo de los hijos… Eso ya es más difícil. Vigile dónde se mete, o dónde la mete, que es más importante, que cualquier día de éstos le salen mocosos por ahí pidiéndole pan y vino. No se lo diga a nadie, pero yo tengo dos supuestos… Dos supuestos… ¡Coño! ¿Cómo se dice?
- Bastardos.…
Eso, bastardos, pero ya le digo que no lo vaya comentando por ahí, que yo no quiero que vengan ahora a pedirme los duros que no les he dao. Que si no han heredao la cicatriz ésta es porque no son hijos míos…
¿Cicatriz? Sangre… Tengo hambre otra vez. Si como ahora, mañana por la noche no tendré que salir y podré descansar de una vez por todas. Maldito café… Me ha destrozado el estómago, ¿cómo se me ocurre beber eso?…
¿Usté sabe cómo me la hice?
- No.… Vaya, si este corte es más famoso en la comarca que el corte de mangas, jajajaja…No, no tengo que pensar en eso…
Este hombre no… Es de día… Pero tengo que salir de aquí y si no como algo desapareceré nada más salir del bar, de puro cansancio. ¡Quién hizo que se me pasara por la cabeza convertirme en lo que soy! De nada me sirve arrepentirme ahora.
… Pues resulta que en la guerra estaba yo con un rifle de esos largos, ¿sabe cuáles digo? Esos que son grandes grandes y que de un balazo matas a tres soldaditos…Este hombre va a darme justo lo que necesito.
… ¿No me cree? Pues mire, que resulta que acababa de matar a tres de ésos cuando me vino por detrás un amigo suyo to rabioso, me cogió y me dio un navajazo en la mejilla. Y yo sangraba y sangraba…
_ ¿Sangraba?
_ Sí.
El cliente se levantó despacio, casi sin fuerzas, del estrecho taburete en el que se había sentado y acarició la cicatriz del dueño del bar.
_ ¿Sangraba aquí mismo?
_ Sí, justo, justo… Ahí… ¿Qué hace? Oiga, suélteme, que si usté quiere un hombrecillo váyase a otro lugar, ¡que yo soy mu macho!La leve caricia del vampiro se convirtió en una fuerte presión en torno al cuello del dueño. Acercó sus dientes amarillentos, poco afilados ya por el paso de los años, y el hombre comenzó a desaparecer entre sus brazos, consumido.Maldito café. Un día de éstos me va a matar.
Dejó el cuerpo inerte en el suelo y echó una última ojeada al bar mugriento. Sólo le quedaba una salida. Demasiado dolor ajeno sobre sus espaldas, tantos remordimientos acumulados, lágrimas resecas en sus mejillas. Se prometió no volver a llorar más a escondidas. Juró que no bebería más café.Sólo una solución.
Y ésta se presentaba fuera de la taberna.
A pleno sol, desapareció dejando atrás la estela de muertes de un vampiro arrepentido.

24 febrero 2005

Sección literaria

Esa tristeza

Y de pronto cayó la venda
Y de pronto no quiero saber lo que ocurrió
Y de pronto vuelvo a estar enfrente de mí misma
Sola... Sorprendida... Inquieta
Es pronto aún para saber que pasó
Es pronto aún para admitir que lo sabía
Es pronto aún para decir que no pasa nada
Lo sé... Lo admito... Lo diré
No quiero pedir perdón
No quiero decir que me arrepiento
No quiero sentir vergüenza
Lo siento... Lo siento... Lo siento tanto!!!
Dónde están las emociones?
Dónde está la ligereza?Dónde está la euforia?
Vacío... Pesadez... Esa tristeza
Y otra vez la tristeza.
Nunca me libro de ella.
Nunca consigo engañarla.
Corro, río, me escondo, la enfrento, la nombro, la eludo...
No importa lo que haga. Ella siempre esta allí,intacta, completa, vigilante.
Me mira y sigue esperando.
No sé qué espera de mí. No sé qué quiere que haga.
La acepto como parte de mi vida y vivo con ella, porque
sé que proviene de otros mundos lejanos y oscuros que no puedo ni quiero explorar.
Cuando hablo con ella me pierdo en sus explicaciones.
Me pierdo en su inmensidad. Me pierdo en sus orígenes.
No tengo vida para entenderla.
No tengo fuerzas para afrontarla.
No tengo respuestas para darle. Han sido solo unos días. Han sido solo unos momentos.
Yo ganaba la batalla. Estaba lejos. Estaba inalcanzable.
El horizonte ante mí era amplio y diáfano.
Y no veía que corría más que nunca.
Y no veía que ella sonreía.
Y no veía que ella no estaba detrás.
Y creo que por fin he renunciado de nuevo.
Y creo que otra vez estoy quieta. Ahora espero.
Procuraré no moverme muy deprisa.
Recogeré los pedazos que estén más cerca y en silencio veré qué puedo hacer con ellos.
Cada vez más difícil encajarlos. Cada vez menos definidos los contornos.
Tantas veces recompuesta! Y tengo miedo.
Porque sé que buscará la salida. Sé que buscará gritar.
Sé que me volverá a utilizar. Y entonces no volveré.
Entonces me quedaré allí. Donde ella campea.
Un lugar sin horizonte. Sin límites. Sin paisaje.
Un paraje de brumas y sombras.
Un escenario plano donde el grito no suena. Donde las lágrimas son secas.
Donde el dolor es el aire. Donde no existe el consuelo.
Y sólo... Tengo miedo.

20 febrero 2005

OTRO RELATO DE SARA SOLER

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OTRO GALLO CANTARÁ

Como cualquier típica fábula de inocentes animalitos, debería empezar diciendo que “el canto de los gallos se alzó durante aquel magnífico amanecer”. Etcétera. Bueno, en parte sí se alzó el sonido del gallo, aunque más bien debería decir el de una gallina trasnochada.Adela había despertado de su siesta cuando su dueño ya la tenia entre una de sus manos, dejando la otra dispuesta para coger fuerte el cuchillo de cocina.

La tenía amarrada por un cuello que se había alargado de forma inusual, mientras Adela aleteaba y lanzaba pequeños gruñidos ahogados. La falta de oxígeno empezaba a mermar sus fuerzas, conocía su destino y se estaba planteando ya la idea de ceder y comenzar otra de sus oraciones extrañas y sectarias que aprendió de su abuela, muerta hacía años durante una ola de calor.

No le dio tiempo a rezar. En menos de un segundo acabó sobre la tabla de madera y un corte brusco le segó el cuello. Pero ella aún quería ser libre. Salió corriendo por el pasillo, decapitada, y se lanzó por el balcón abierto de par en par. “Al menos dejad que escoja mi muerte”.El cuerpo inerte fue a caer sobre la terraza del primer piso. Allá al fondo se escuchaba el sonido de unos bongos y de una guitarra desgarrada y mal tocada.

Una pequeña nubecilla se asomaba por la puerta metálica que daba acceso al piso. Una niebla blanca, espesa y con olor a hierba que llegó hasta lo que antes había sido Adela. Una voz maleducada cantaba a Sabina. Imitador barato._ ¡Ey, tío! ¡Mira eso! –Un tipo con melena rasta se había asomado por la puertecilla buscando alguna cosa – Jajajaja, ¡gallinas muertas!_ Tío, calla, que estás fumao.Claro, él no veía una gallina muerta: veía dos gallinas sin cabeza. “¡Ey, joder! La mejor alucinación que he tenido nunca”.

Y volvió a entrar al piso cerrando bien la puerta para que la nube condensada se quedara en el interior. “Que no se escape na, que no se escape na, to pa dentro, to pa dentro de mis neuronas”, canturreaba.Y siguió tocando los bongos mientras su compañero de juergas se esforzaba para que sus aullidos tuvieran algún tipo de sentido. El sonido de estos vecinos alternativos - sí, los del pasillo de color amarillo canario con las huellas de sus manos impresas en negro sobre las paredes - llegaba hasta la habitación del bebé del último piso.

Un noveno, casi nada.El padre, intentando parecer generoso, había regalado al bebé de 14 meses un peluche que reproducía sonidos cuando su sensor detectaba ruido a su alrededor. Creía que con este pequeño detalle le acercaría al ideal de “padre-que-adora-a-hijo” o a “padre-tan-sumamente-generoso-que-aceptará-por-el-resto-de-sus-días-que-ése-no-es-hijo-suyo”. Le hizo una carantoña cuando ya estaba en la cuna y dejó el monstruo de peluche sobre el alféizar. Mala idea conociendo al vecindario. O buena. Ni él mismo sabía si lo que quería era martirizar al bebé con la falta de sueño._“¡Ey, tío! ¡Ni Sabina! ¡Canta, canta más!”._ “Y nos dieron las dieeeeeeeeeeez y las oooonceeeeeeeeeeeeeee…”.

El sonido asfixiado ascendió igual de lento que la nube espesa hasta llegar a la ventana del niño. Y, como era de esperar, el animalito de peluche también se puso a cantar para acompañar aquel desafinado coro.“Kikirikiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, kikirikiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.Y, como también era de esperar, el niño comenzó a llorar al mismo tiempo que, en la otra punta del piso, una leve sonrisa se dibujaba en la cara del padre.Y el gallo siguió cantando para mi desesperación durante toda la noche. Y los del primero siguieron fumando. Y el padre riendo su graciosa venganza. Y Adela, marginada, siguió en el suelo de la terraza.

18 febrero 2005

RELATO DE SARA SOLER

GRAVEDAD
“I’m on top of the sunand
I could see
all the ways the gravity turns on you and me”
Embrace.
Nada le fue bien esa mañana. Llovía, su jefe le reprendió por no entregar el informe a tiempo, la casera le anunció el aumento del alquiler de su piso. Odiaba a la lluvia, a su jefe, a la casera, a las flores marchitas del jardín de enfrente, al quiosquero. A todos. Y, un día más, tendría que seguir frente a la anodina pantalla del ordenador llena de cifras y listados sin sentido, al menos, para ella.
Se quedó mirando por la ventana con un despiste mayor que sus infinitas ganas de esconderse en la cama y no volver a salir jamás de ella. Siguió el curso de una gota que caía en el charco y cómo una carpeta llena de folios se estrellaba contra este. Todo mojado. Un hombre de su edad se agachó maldiciendo a recoger el trabajo de meses echado a perder. “Mierda”. “Otro como yo. Nada bueno puede ocurrir hoy”.
Sonrió ante la desgracia ajena, el placer de no verse en esa situación. Una curvatura de la boca que desapareció al ver entrar al hombre, malhumorado y empapado, en la oficina. Un “buenos días” lleno de rabia, puro formalismo. Una respuesta del mismo estilo, para que aquella mañana siguiera siendo gris para todos. “Traía el manuscrito de mi último relato, pero se me ha mojado, lo siento”. Sólo se estaba disculpando ante él, por inútil.
Ella lo miraba despacio, con atención, observaba los movimientos enfadados y nerviosos de quien ha rematado ya su esperanza. “No se preocupe, aún tiene tiempo por delante”. Le sirvió un café de máquina descafeinado y aguado para que entrara en calor. Él confundió la lástima de ella con cariño maternal. Volvió a la mesa y, torpe ella, lanzó el café sobre el teclado del ordenador. “Ahora ya somos dos los que hemos perdido el trabajo de días”.
“Creo que será mejor que vayamos a tomar un café al bar de la esquina. Allí, al menos, los camareros son eficientes”. Al salir de la oficina había dejado de llover y no hacía tanto frío. Por fin se habían quedado sin excusas para estar juntos. “Está visto que hoy la gravedad se ha puesto de nuestra parte”, dijo él. Ella asintió tímida y pícara.